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Economía, Política y Sociedad. Reflexiones desde el inconformismo

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Libertad y distribución de bienes

Publicado por cesargonzalezcanton en Enero 28, 2008

César G. Cantón

Es habitual oir que la libertad que ha de estar presente en una economía de mercado es, como dice Mises, aquella “esfera en la que el agente está en posición de elegir entre modos alternativos de acción”. Dejemos al margen si lo que viene a continuación sería suscrito enteramente por Mises. Nos servimos de su definición para introducir una comprensión de la libertad y su relación con el mercado bastante generalizada: el mercado se encarga de proveer bienes, y cada cual elige aquellos que satisfacen sus preferencias, así como los medios que le parecen más convenientes para alcanzarlos. Se trata de un planteamiento exclusivamente “welfarista”, en el que la libertad es sólo el medio de la distribución de recursos en el mercado. Se entiende entonces que la libertad es, básicamente, libertad de elección. Y que, por tanto, de cuantas más opciones se disponga más libre se es. Por otro lado, la eficiencia óptima del mercado depende de que cada persona tenga lo que desea sin dejar a otra peor de lo que estaba (equilibrio paretiano).

A Amartya Sen, sin embargo, le parece que el equilibrio paretiano no implica, de por sí, que la distribución de recursos sea la más adecuada. Y esto por lo menos en dos sentidos:

- que, por ejemplo, distribuciones de salarios muy injustas pueden cumplir la condición de optimalidad;

- y que el mercado sólo distribuye utilidades, esto es, bienes que las personas desean.

Sin embargo, dice Sen, el deseo puede ser un reflejo muy inadecuado de la utilidad real de lo que se desea. Sen aduce para ello, entre otros, el argumento de “las pequeñas dádivas”: el horizonte de expectativas de las personas muy pobres es tan estrecho que se consideran felices con mucho menos de lo necesario para llevar una vida digna. De modo similar, las personas que viven bajo una tiranía pueden conformarse con cosas diferentes de las que valorarían activamente, o tienen una razón para valorar. En su artículo “Sour Grapes” Elster ha descrito también este fenómeno –por otra parte, de experiencia común- con ayuda de la fábula de la zorra y las uvas, denominándolo adaptative preferences.

Para que se alcanzara una distribución óptima de recursos, dice Sen, habría que abandonar la concepción welfarista del mercado. Éste debería no sólo promocionar bienes, sino también libertades. Para ello la libertad debe verse como algo, no supuesto, sino cuyo ejercicio el mercado puede facilitar o hacer más difícil. Esto pasa por tener una visión más realista de la libertad humana, que es lo que Sen pretende ofrecer con su teoría de las capabilities.

En ella Sen examina la libertad de elección desde los dos aspectos de cualquier decisión: el menú de opciones y el proceso mismo de decidir. En relación con el primero considera que las opciones no son algo abstracto, sino que dependen de nuestras capacidades reales de actuar (opportunity aspect). Respecto al segundo, que no valoramos sólo tener opciones, sino el acto mismo de poder decidir (process aspect).

¿Tenemos la oportunidad de hacer lo que queramos, de satisfacer tal o cual preferencia? Dependerá de nuestras capacidades. Sen aporta su famoso ejemplo de la persona sana y la paralítica: el mercado hace poco al distribuirles la misma cantidad de bienes, porque las utilidades derivadas de ellos están situados en el “espacio” de su capacidad real de consumirlos/usarlos. De igual modo, como muestra el argumento de las “pequeñas dádivas” las preferencias han de ser juzgadas en el espacio de la libertad real: podemos suponer que, en la esclavitud de la pobreza, las preferencias no serán por decirlo así realmente “objetivas”.

Por otro lado, el mercado debe promover que el agente tenga en sus manos los resortes del control. El aspecto procesual señala a que el hecho de sentir que se es libre es importante; esto se pone enormemente de manifiesto, por ejemplo, en personas que han vivido bajo un sistema totalitario.

Las políticas mercantiles tienden a hacerlo bien en relación con el aspecto procesual, sobre todo en cuanto a la inmunidad frente a la interferencia de otros; por ejemplo, en la medida en que la economía de mercado exige un entorno democrático con instituciones sólidas, o en que tiende a la eliminación de los monopolios. Sin embargo, no sucede lo mismo con el aspecto de oportunidad. Posiblemente una razón es que la atención a las capacidades nos introduce en un terreno aparentemente más “subjetivo” y menos adaptable a análisis cuantitativos orientados a la predicción. No obstante, las propuestas de Sen y otros ya están siendo recogidas progresivamente por la ONU en la elaboración de sus índices de desarrollo, desde el primitivo “renta per cápita”, pasando por el “nivel de vida”, hasta el actual “calidad de vida”. Este último hace hincapié en que un sistema económico debe fomentar libertades tales como la de pensamiento y expresión, u otras necesarias para desarrollar el potencial humano de las personas (cfr. www.unpd.org).

Es de esperar que, al ser una visión de la libertad más real, el sacrificio de la capacidad estadística se vea compensado por una mejor comprensión del comportamiento del agente económico, y un encaje sin fricciones con la ética y política.

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